Archive for November, 2013

Bitcoins

Es normal que para algunos las bitcoins sean totalmente desconocidas teniendo en cuenta que es algo relativamente nuevo, por lo tanto no debe extrañarnos el hecho de no saber acerca de la existencia de esta moneda virtual. A continuación intentaré explicar puntos básicos para entender su funcionamiento. Las bitcoins se pueden definir de muchas formas, sin embargo creo que la definición más acertada es la de “acuerdo voluntario para utilizar 21 millones de fichas cifradas como dinero”. Las bitcoins son monedas virtuales, descentralizadas y encriptadas que usan logaritmos básicamente indescifrables. La moneda fue creada en 2009 por Satoshi Nakamoto, el pseudónimo de la persona o grupo de personas que diseñaron el protocolo. El hecho de ser una moneda descentralizada nos sugiere que no depende de la confianza en ningún emisor central sino que recurre a una base de datos que registra las transacciones y mediante criptografía garantiza las funciones de seguridad básicas, como garantizar que las bitcoins solo puedan ser gastadas por su dueño, y no más de una vez. Las transacciones se hacen de manera anónima y las bitcoins pueden ser guardadas en “monederos” que puedes tener en el ordenador o en el móvil. Así mismo puedes enviar bitcoins por medio de internet a cualquiera que tenga una “dirección Bitcoin”; la estructura P2P hace que sea imposible que una autoridad gubernamental u otras manipulen el valor de esta moneda o creen inflación. Para profundizar más en su funcionamiento hay que entender un concepto clave: la cadena de bloques. La Cadena de bloques es un registro público de las transacciones de manera que puedan ser verificadas asegurando que el gasto se hace al que está pagando. Las transacciones son las transferencias de valor entre las direcciones bitcoin. El monedero mantiene una pieza secreta de datos denominada “llave privada” para cada dirección bitcoin. Estas llaves firman las transacciones probando que fueron hechas por el usuario; esto evita que sean alteradas una vez que se haya emitido. Todas las transacciones son trasmitidas entre los usuarios y confirmadas por la red en los siguientes minutos a través de un proceso llamado “minería”.

Ahora bien, ya que conocemos más en profundidad esta moneda, la pregunta que nos surge es ¿Qué podemos comprar con las bitcoins? Existen más de 100 empresas que usan bitcoins como forma de pago. Incluso hay un e-bay de bitcoins en el que puedes vender desde muebles hasta casas. Prácticamente puedes comprar de todo a excepción de ciertas cosas, como billetes de avión por ejemplo. Además, hay gente que oferta bitcoins por servicios y en esto hay algo muy interesante y es que el hecho de poder esconder las identidades da pie a que se de un comercio sumergido. De hecho, en la deep web se ofrecen bitcoins por asesinar personas o por la adquisición de pornografía infantil, drogas, servicios de hacking, etc. Probablemente en un futuro no muy lejano encontraremos cajeros de bitcoin por la calle como ya hay en Canadá o EEUU. Hace tres años era un experimento pero hoy día es una moneda que poco a poco cobra más importancia. El precio de una bitcoin actualmente es de 559,99 dólares, y hace tres años de 50 dólares. No es estrictamente necesario comprar bitcoins pues, como ya he dicho, se pueden ganar haciendo servicios a otros usuarios pero está bien saber cómo esta moneda ha ido creciendo en tan poco tiempo. En definitiva, sumergirse en el mundo de las bitcoins es relativamente sencillo, la información abunda en la red y cada vez más gente se interesa por empezar a usar la moneda del futuro.

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LA EMERGENCIA DEL HIPERTEXTO EN LA CIBERCULTURA

A partir de lo que en el anterior artículo determinamos como medio cibercultural del usuario, surge una inmensa apertura en el campo de la acción, así como de la producción humana, en términos de una nueva lógica-lúdica de la praxis social, tanto rompedora y original, como continuadora y traductora de las actividades tradicionales. Ahora nos centraremos en un fenómeno concreto dentro de esta enorme y pluriabarcante mutación cultural, como es el del surgimiento de un nuevo modo de comprehender y administrar la información: el hipertexto; así como analizaremos en qué sentido supone una ruptura considerable en los hábitos cognitivos y ritualísticos de los individuos y sus sociedades.

Una de las manifestaciones más claras y tempranas de la idea del hipertexto corre a cuenta del canadiense Vannevar Bush, el cual busca mediante la construcción, mientras trabajaba en el MIT, de una máquina que llamará MEMEX (MEMory EXtender) almacenar información de una forma más eficaz que la tradicional en formato de papel (o más general aún, de los medios de escritura desde su sistematización), pero al mismo tiempo de un modo mucho más sencillo. El hipertexto se fundamenta constitutiva y principalmente en la no secuencialidad, y el fomento de conexiones intertextuales de las que emergen el hipertexto como tal. Esto viene a ser una de las más mayores herejías en la historia de la gestión de información humana, como poco desde la normalización de la imprenta en la edad moderna, y como mucho desde el neolítico y el surgimiento del discurso hablado como tal, del que en cierto modo se basarán los primeros sistemas de escritura.

El término hipertexto es utilizado por primera vez de un modo explícito por Theodor Holm Nelson, un fiel seguidor de las ideas de Vannevar Bush, en 1965; el cuál seguirá defendiendo estas tesis hasta bien estrados los 90s. Este lo concebía como un sistema de almacenamiento universal (denominado como Xanadu), potencialmente infinito y como el mejor transmisor de conocimiento para y por la sociedad. Desde esta idealizada concepción del hipertexto es el lugar desde el cuál en 1999 ejercerá una fuerte y continuada crítica a Internet como una implementación excesivamente reduccionista de estas ideas: “The Web isn’t a hypertext, it’s DECORATED DIRECTORIES!” aclara el mismo, sin embargo no se da por vencido y mantiene su postura de incentivar las estructuras xanalógicas (propiamente hipertextuales) y el Deep hypertext.

Si rastreamos los orígenes etimológicos de la palabra “texto” podremos sacar unas interesantes cuestiones antropológicas bajo el subsuelo semántico del término. Veremos que esta proviene del verbo latín “texo” (tejer) y este a su vez de la raiz Proto-Indo-Europea *teks- (plegar, trenzar) que mantiene en común con el sanscrito “taksati”, el avéstico “tasaiti” y el proto-germánico *pahsuz. El texto es la vía eminente y fundamentalmente lingüística a través de la cual nos expresamos de modo verbal desde las primeras articulaciones discursivas, pero sobre todo para nosotros, el texto es el modo de expresión cultural (y por lo tanto extra-biogenético) en torno al que se articula la gestión cognitiva de la sociedad. El texto nos muestra de primera mano el continuo y lineal tejido simbólico (de su carácter lingüístico) de la sociedad en la que está inmerso, como una obra de artesanía más producida por un colectivo, el texto es el reflejo de la lógica práctica cotidiana de una cosmovisión. El paradigma del texto es por lo tanto, el de la producción sociocultural, externa y simbólico-lingüística de los grupos sociales históricos, historicidad proporcionada textualmente.

Por otro lado con el usuario del hipertexto debe cuestionarse fuertemente si se encuentra bajo el mismo cielo que el del hermeneuta textual tradicional. ¿Dónde nos hayamos estando “más allá del texto”? El modelo en el que se basa el hipertexto ya no es el de la praxis de la sociedad en la que se halla inmerso, sino el reflejo de la complejidad que desentrañan tanto los paisajes conceptuales internos al individuos, como los gigantescos sistemas en los que se encuentran inmersos. La gestión de la información cultural se debe articular tal y como el individuo lo hace internamente. Las evidentes consecuencias de esto son, primariamente, que la linealidad o lo que Vannevar Bush llama secuencia se suprime. La disposición de la información no sigue una dirección, o al menos no lo hace tan rígida y de una forma tan determinada y estática como lo hace el texto, tanto escrito como oral. De aquí se podrían extraer interesantísimas conclusiones filosófico-antropológicas, una de las más interesantes sería ¿Podemos seguir hablando de una historia más allá del texto que la hace posible, así como desde una linealidad cronomimética ya inexistente en nuestros sistemas de gestión de información?

A pesar de que el texto se encuentra en la base de la emergencia del hipertexto, este adquiere unas propiedades radicalmente diferentes a su predecesor. La estructura topológica del hipertexto pasa a ser la red, cambiando la solidez anticrónica del texto tradicional, propio de un nivel simbólico-lingüístico de información, por la autorregulación sistémica de este, atendiendo ya a un nivel de cognición profunda. En esta situación se nos muestra algo recurrente ya antes del surgimiento del hipertexto en el marco de la cibercultura, y es la crisis del ser humano con su lenguaje verbal, la insuficiencia de este para expresar nuestras emociones más intensas y por lo tanto más importantes (Wittgenstein, Borges, etc.) Las complejas posibilidades del hipertexto calman sustancialmente nuestra ansia expresiva-, de ahí el movimiento desde nuestra incomodidad léxica, incomodidad que puede ser vista en la constante manipulación morfológica de los términos “post-“ “meta-“ “trans-“ en busca de mendigar un sentido más justo con nuestra experiencia, hacia un camino más allá del lenguaje pero desde el lenguaje. Cabe señalar brevemente antes que concluir, que el paso del paradigma informativo del texto al del hipertexto conlleva una mutación o ciber-traducción de los géneros textuales modernos en prácticamente todas las esferas culturales, como es el caso ejemplar del surgimiento del ciberperiodismo.

De una hermenéutica del sujeto tradicional delimitada en y por el texto, a un sendero de información propio creado de manera cuasiexclusiva por el usuario, el mismo que siente satisfacción al ver en la pantalla un claro reflejo de su íntimo paisaje cognitivo.

Javier Anta

BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA

BARTHES, Roland (1987). El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura. Barcelona: Paidós comunicación.

BOLTER, Jay David (1991) Writing Space. The Computer, Hypertext, and the History of Writing. Nueva Jersey: Laurence Erlbaum Associates.

LANDOW, George P. (1995). Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología. Barcelona: Paidós.

SALAVERRÍA, Ramón y DIAZ, Javier (2003) Manual de Redacción Ciberperiodística.

El fin de la serendipia

El proceso actual de transformación tecnológica se expande de forma exponencial y remite a las tecnologías de procesamiento de la información y de la comunicación. No se trata sólo de la invención de nuevas herramientas, sino de procesos a desarrollar.

En el caso de Internet, apreciamos cómo ha cambiado el modelo lineal de comunicación. Antes era unidireccional, había un emisor y un receptor del mensaje; ahora es multidireccional, el receptor pasa a ser el protagonista y se transforma a su vez en emisor.

Este cambio ha afectado al concepto de objetividad aplicado a la información. Éste se encuentra lejos de la creencia ingenua en la capacidad absoluta de saberlo todo, pero tampoco es compatible con el escepticismo epistemológico, que propugna la objetividad imposible en un mundo en el que todo es relativo. Sin embargo, debemos ser cuidadosos con la tendencia generalizada a dejar atrás el término manipulación por el de distorsión, que admite la compatibilidad de la objetividad más severa con la libertad creativa más generosa.

Eli Pariser señala que el 36% de los americanos menores de 30 años obtienen sus noticias a través de las redes sociales. Estas, al igual que otros servicios que se nos ofrecen de forma gratuita como el buscador de Google o Yahoo News, utilizan un algoritmo basado en los datos que recopilan de sus usuarios para decidir qué información les resultará más útil con lo que, una búsqueda realizada por diferentes personas, dará lugar a múltiples y muy variados resultados.

“Saber que una ardilla se muere en tu jardín puede ser más relevante en este momento para tus intereses que saber que muere gente en África” – Mark Zuckerberg

Se trata de un cambio casi imperceptible del modo en que circula la información en la red pero, incluso antes de conectarnos, Google tiene en cuenta 57 indicios que “personalizarán” nuestros resultados (tipo de ordenador, explorador, ubicación…).

Las nuevas tecnologías han cambiado el modo en que nos comunicamos, en que recibimos las noticias, en que compramos… pero la personalización de este tipo de páginas implica un cambio en este tipo de relación nunca visto hasta ahora ya que nos incitan a comprar ciertos productos y nos alejan de otros, cambiando así la economía, de la cual también nos informamos a través de unas noticias específicamente seleccionadas para nosotros.

Es necesario tomar conciencia de que nada es gratis, estamos cambiando un servicio aparentemente gratuito por nuestra privacidad, un servicio que nos limita y desinforma al mismo tiempo que proclama hacer lo contrario.

En este nuevo negocio de la información, la moneda de cambio ya no es el dinero físico, sino los datos y características del usuario potencial. Se trafica con nuestra privacidad en favor de intereses económicos de grandes empresas, que pretenden descubrir qué tecleamos para influir en el resultado de nuestras búsquedas o colocar lo que denominan “publicidad contextual”.

Ya no es necesario prohibir o censurar, sino que, de un modo sutil y paulatino, se reduce el contenido al que podemos acceder, aunque permanece la falsa ilusión de racionalidad potenciada por la idea general de que “ahora existen más medios”.

Así pues, cuando creíamos que internet dejaba atrás a editores que controlaban el flujo de información y nos proporcionaba un intercambio libre, nos topamos con la nueva versión de estas figuras censuradoras, los algoritmos, con una pequeña diferencia que lo cambia todo, ni siquiera somos conscientes de los filtros que se nos imponen.

Esta personalización puede parecer, a priori, una gran ventaja en cuanto a la productividad, pero al centrarse en nuestro área de conocimiento, aunque sea para expandirlo, creamos sin saberlo una burbuja que, al estar compuesta por nuestros gustos y aficiones, nos proporciona un confort que nos incita a no mirar más allá, a permanecer en ella.

¿Cómo encontraremos entonces lo que ni siquiera sabemos que estamos buscando? ¿Somos totalmente conscientes de los filtros que se nos imponen y de cómo sortearlos?

Nuestras decisiones pasadas al utilizar cualquiera de los servicios que ofrece, por ejemplo Google, determinan nuestro presente y futuro a la hora de navegar por la red. Es el principio del fin de la serendipia.