ORALIDAD, ESCRITURA Y ELECTRÓNICA (II)

¿Qué es leer? Por lo pronto, se trata de una faena utópica[1]. Toda escritura es a un tiempo deficiente y exuberante, pues si bien dice menos de lo que se quiere, por otra parte aporta más de lo que se ofrece. Dejemos para otro momento el tema de la exuberancia. Entender un texto significa completarlo con lo que no está ahí, darle con-texto, radicarlo en una situación vital y en una coyuntura histórica. No es posible leer entendiendo sin tener presente la vida individual del que lo escribió, y que a modo de trampolín nos lleva hacia la inteligencia del texto. Ante todo es preciso leer lo que no está escrito, sino como latente detrás de lo escrito. Hay que adivinar el espíritu que está animando la letra. Llevar esto a sus últimas consecuencias implica una reconstrucción biográfica, sociológica e histórica del texto. Piénsese en lo que sería la historia de la filosofía si en lugar de aprender  un conjunto de ideas que se suceden unas a otras – y aunque unas fueran crítica y solución de otras quedando así encadenadas –, si en lugar de eso las ideas sólo fueran el precipitado vital de unos hombres cuya estructura vital e histórica se considerase la base de la aparición de las nuevas ideas. ¿Es esto posible? ¿Hasta qué punto podemos transmigrar a otras vidas y otras épocas?

Pensemos ahora en una red social como Twitter. En una entrada podemos emplear 140 caracteres. No es habitual agotarlos todos. Una o dos oraciones suelen bastar para publicar un tweet. Invito al lector a hace un experimento: estar atento a todos los tweets cuando ocurra algún acontecimiento importante. Una frase determinada sobre el asunto quedará en Twitter y los retweets estarán al caer. Esto se repetirá varias veces. Al poco se habrá creado una opinión pública en la red.

Sobremanera evidente es el deficiente estado de educación actual. Los institutos son centros de ingesta y excreción sin apenas nutrientes. Poca cosa queda, mucho se olvida; y lo único importante es una buena media para acceder a una buena carrera para tener un buen trabajo y así no vivir del cuento. Invito a hacer otro experimento: pregúntese a un buen número de estudiantes de instituto y universitarios sobre una variedad de temas, y sobre todo sobre aquello en lo que no han decidido especializarse. El resultado: lagunas tremendas sobre la propia historia de España, sobre ciencia, sobre cómo hablar y escribir bien[2]… Pues bien, imaginemos ahora a estos estudiantes sin apenas conocimientos sumergidos en la red. No hace falta leer un libro entero. No es preciso reconstruir el con-texto, adivinar los pre-juicios que animan los juicios.  Sólo hay que leer una frase que muchos han publicado sobre cierto acontecimiento importante y dejarse llevar por la corriente.

Quizá el ejemplo que elijo suscite enérgicas reacciones. No quiero establecer aquí una postura por completo a favor o enteramente en contra, sobre todo teniendo en cuenta que la realidad siempre tiene matices. Lo único que pretendo es señalar el fenómeno que aquí denuncio: la formación de una esfera de opinión sustentada en la superficialidad. La muerte del líder sudafricano Mandela ha hecho eco en todo el mundo, pero es muy poco lo que de verdad se sabe sobre Mandela. Numerosas publicaciones de despedida llenaron los muros de Facebook y Twitter. Parecía que había muerto un santo. Pero al hablar en persona con todos aquellos que han visto todas esas publicaciones en la red, nadie sabía realmente nada sobre Mandela… sólo que fue un hombre que liberó a los negros en Sudáfrica y que eso es digno de admirar. Y esa frase colma las exigencias intelectuales de la masa. Una frase es suficiente para erigir a un santo.

Platón decía de la escritura que es como si estuviera viva, pero que permanece en silencio si se le interroga (275e). El texto, a diferencia del diálogo personal, no se puede defender sólo, y hay que reconstruirlo e integrarlo en un todo. Peor es el caso de la información de estas redes sociales,  reducción de un texto a una o dos frases que  elevan la victoria de la superficialidad  y la mera opinión. Ya no se trata del peligro de la erudición frente al saber, sino del de la mera opinión como modo de pensar que ni siquiera alcanza la erudición. Sólo puede entenderse  a Mandela reconstruyendo su vida, y ésta no se entiende sino a la luz de la historia de Sudáfrica desde la llegada de los holandeses en 1652.  Luces y sombras… ¿Qué pasa con el brazo armado del ANC, UmKhonto we Sizwe, organización responsable de diversos atentados y detonante la la inclusión de Mandela en la lista de terroristas por parte de Estados Unidos? Por supuesto, el problema no es que se desconozca este posible claroscuro –  y digo posible porque mi intención no es tomar partido – sino que se desconozca todo en general, tanto lo bueno como lo malo, y nos quedemos sólo con un eslogan.

El asunto se agrava aún más cuando se incluyen imágenes. La perspectiva lo es todo. Cierto número de personas, visto desde arriba, son cuatro gatos, pero tomados desde abajo y de frente puede resultar una multitud. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Si lo que se mide es su valor de persuasión, puede ser muy cierto. En cuanto al valor de verdad, nada más lejos de la realidad. Pensemos en el impacto en la opinión publica de frases-eslogan junto con imágenes persuasivas en asuntos como revueltas, manifestaciones y huelgas. El ejemplo que he elegido es menos comprometedor, pero igualmente iluminador.  “El grupo de música X reventó ayer el Palacio de Vistalegre”, dice el titular de una noticia publicada en la propia página del grupo. A la noticia acompaña un fotografía tomada desde un ángulo tal que la pista parece rebosar. Siendo sincero, habiendo asistido a dicho evento, la verdad es que el grupo no reventó nada… El lugar se llenó poco a poco… al principio apenas había gente… y muy pocas personas hacían cola con horas y horas de antelación  tal y como consiguió ese grupo hace algunos años. Es, cierto, al final hubo un número considerable de personas, pero para nada cerca del lleno absoluto. Nada reventó.

En fin, la escritura electrónica vía redes sociales no estimula el pensamiento crítico ni la construcción del saber frente a la erudición. Sólo puede tener un papel positivo: Dar cuenta de que existe un acontecimiento que ya está siendo interpretado. Esto tiene que animarnos a investigar sobre lo que se ha escrito, examinando escrupulosamente la realidad.

 


[1] Véase ORTEGA Y GASSET: ¿Qué es leer?

[2] Recuerdo cuán penoso me resultó cierto cursillo extra de la facultad en el cual se enseñaba a comentar un texto y a redactar con cierto orden y sentido. Bastante grave es que los estudiantes de filosofía no sepan escribir bien un trabajo o un examen.

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