El manejo del tiempo

Decía Ortega que mi vida es quehacer, que tenemos que hacer siempre algo con nuestra circunstancia si queremos seguir viviendo, aunque sea un mero entretenimiento para matar las horas; aunque sea aburrirse, es decir, pensar que no sabemos qué hacer con las cosas. Ahora bien, el hecho de que siempre tengamos que hacer algo no significa que todo cuanto hagamos sea lo más excelente. Se puede vivir al máximo pero también malgastar la vida.

El hombre tiene siempre que elegirse a sí mismo, tiene que inventar el personaje que es, y eso lo hace actuando de un modo u otro sobre su circunstancia. Pero ocurre que el hombre es finito y no puede darse márgenes demasiado amplios de despreocupación. El hombre sabe que morirá algún día, por causas naturales, y que aún puede morir antes por cualquier complicación vital imprevista. Sabe que hay cosas que sólo puede hacer en determinados momentos de su vida.  Por esto es importante la administración del tiempo del que se dispone. Omnes feriunt, ultima necat, advertía una inscripción en los relojes medievales. Todas las horas hieren, te van quitando la vida poco a poco; pero la última es la que te da el golpe de gracia.

Relacionemos este problema de la gestión del tiempo con las nuevas tecnologías. Pensemos en los móviles de ahora: Internet, redes sociales, Whattsapp… Sin duda, si partimos del hecho más simple, el de la posibilidad de comunicarse oralmente con otra persona cuando ésta no está presente, se trata de una ventaja para el hombre. Lo que no es tan ventajoso es la absorción del hombre por el móvil, que es lo que actualmente representa esta tecnología entre muchos jóvenes. No creo que sea algo malo hablar durante mucho tiempo con alguien que está de viaje o que vemos poco porque vive lejos. El problema aparece cuando, estando ya en compañía – ya sea en casa, paseando o en un local – seguimos utilizando los medios de comunicación para hablar con personas distintas de aquellas con las que estamos. Y no se trata de hablar por teléfono unos minutos, sino de emplear de modo interrumpido pero durante todo el tiempo ese popular invento llamado Whattsapp. La cuestión es sobremanera preocupante en caso de que las conversaciones sean superfluas. En primer lugar está el problema de la dedicación de nuestro tiempo, que es limitado y que se pierde poco a poco, de modo que el tiempo que se desaprovecha no se puede recuperar. “¿Qué haces ahora?”, “¿Has visto mi último twit?”, “Me aburro jaja” y otras muchas expresiones representan esa forma de hablar cuando no hay nada que valga la pena que decir (y si lo hay, ¿por qué no esperar para contarlo? ¿Por qué todo tiene que ser rápido?) Pero no sólo se cuentan banalidades, sino que también se envían en forma de imágenes y vídeos.

El otro día una amiga me contaba que X tiene la manía de hablar por Whatsapp con otras personas mientras están juntos. Mi amiga, muy habladora ella, contaba sus cosas a X, que es un amigo que tenemos en común, pero X, como no es una mujer, no podía hacer dos cosas a la vez, de modo que se limitaba a repetir de vez en cuando la última palabra de su amiga o a expresarse según la ley del mínimo esfuerzo diciendo cosas como “entiendo”, “sí” o “ya”. No sé si lo seguirá haciendo, por la colleja que se llevó.

Pero pensémoslo bien. ¿No se trata de un desperdicio del tiempo? A muchos les encanta repetir frases que parecen cultas e importantes sin saber bien su significado. Carpe Diem, dicen muchos. Yo creo que aprovechar el momento significa hacer en cada caso lo que hay que hacer, volcando las energías y la atención en aquello de lo que se trate. Cuando estemos en clase, que lo hagamos de verdad, preguntando al profesor, tomando apuntes, y no con el móvil escondido entre las manos debajo de la mesa. Cuando estemos estudiando en casa, que leamos detenidamente, pensemos sobre lo leído y memoricemos lo que tengamos que memorizar; pero que no estemos con el libro a un lado y el móvil al otro, mandando mensajes de vez en cuando. Y si estamos con alguien, que prestemos atención a esa persona, porque ya no se trata sólo del propio tiempo, sino del de la otra persona, que está gastando el suyo contigo.

Nos hemos referido al Whatsapp. ¿Cuál es la causa de su empleo exagerado? Tal vez cierto desinterés o insuficiencia de lo que se está viviendo. Si realmente estamos disfrutando en una situación, ¿ por qué desatenderla en beneficio del Whatsapp? ¿Por qué no esperar para contarlo? En caso de que no tengamos nada que hacer, es más comprensible que se quiera huir del aburrimiento con cualquiera de las tecnologías disponibles a nuestro alcance. Están ahí, a la mano, listas para el uso, en el caso de la gran mayoría de jóvenes. ¿Por qué no usarlas? El problema viene cuando el aburrimiento no es momentáneo, sino… vital, fenómeno cuya causa creo encontrarla en una carencia de proyectos debida a su vez a un desinterés e incomprensión absolutos frente a las más variadas parcelas de la cultura. La soledad probablemente sea otra de las causas, pero no sólo del abuso del Whatsapp sino de otras muchas redes sociales. A mi juicio, soledad y desazón vital tienen un vínculo muy estrecho.  Y aquí entran en juego las nuevas tecnologías…el no saber qué hacer, el solitario aburrimiento vital, sin sentirse llamado radicalmente a nada ni a nadie, eso es lo que nos hace gravitar hacia esas nuevas tecnologías en busca de remedios aparentes.

No puedo evitar dejar aquí unas citas de Ortega y Gasset, que me parecen iluminadoras y que yo no haría más que estropear al parafrasearlas:

“El hombre, al ser puro y continuo hacer, estar haciendo, es puro movimiento y movimiento que va atraído hacia una meta. Y en virtud de muy precisas razones… acontece que esa entidad hombre, cuya única realidad consiste en ir hacia un blanco, de pronto, se queda sin blanco, y sin embargo, teniendo que ir, que ir siempre ¿Dónde? ¿Dónde ir cuando no se sabe dónde? ¿Qué vía tomará el desviado? […] Definía yo al hombre metafóricamente diciendo que tiene el alma dinámica de una flecha que hubiera  en el aire olvidado su blanco.[…]Hay en todas partes del mundo quienes entran en un frenético hacer, quienes se alcoholizan con una hiperacción inauténtica para llenar el hueco de no saber, en verdad, qué hacer, y al otro extremo hay el total no hacer, el quietismo y abandono a lo que quiera pasar.”

(Curso La Razón Histírica. Lisboa 1944)

No se crea que es faena tan fácil desear […] Tiene en la mano la posibilidad de obtener el logro de sus deseos, pero se encuentra con que no sabe tener deseos. En su secreto fondo advierte que no desea nada […] Los deseos referentes a cosas se mueven siempre dentro del perfil del hombre que deseamos ser. Este es, por lo tanto, el deseo radical, fuente de todos los demás. Y cuando alguien es incapaz de desearse a sí mismo porque no tiene claro un sí mismo que realizar, no tiene sino pseudo-deseos, espectros de apetito sin sinceridad ni vigor.”

(Meditación de la Técnica)

Presentación

A la hora de elegir un tema relacionado con la tecnología para hacer un blog resulta difícil no pensar inmediatamente en los fenómenos, modas y acontecimientos que parecen ocupar cada vez más espacio en nuestras rutinas y que nos llevan a relacionarnos constantemente con móviles, ordenadores, internet, etc. Redes sociales, piratería o realidad virtual son conceptos que se han ido filtrando progresivamente en el imaginario popular hasta constituir parte de nuestro discurso cotidiano. Todos estos temas podría considerarse que caen en el lado de lo evidente —lo primero que se le ocurre a uno al pensar en tecnología— pero puede ser precisamente esa obviedad la razón fundamental que invite a su estudio. Entender las implicaciones que todas esas cosas provocan en nuestras vidas es vital si queremos ser conscientes y poder controlar los efectos que producen. De ahí el interés de articular la reflexión sobre el ámbito que se ocupa de todos esos objetos: la cibercultura. Entendemos cibercultura de la manera más omniabarcante, plural y amplia extendiendo el concepto a todos los estratos y niveles de lo que puede ser considerado cultura, desde lo más común y cotidiano hasta las manifestaciones culturales más elevadas o puramente artísticas y estéticas. Nuestra intención en este blog es tratar de ser capaces de proponer un ejercicio crítico que no se limite a exponer los fenómenos que nos propongamos analizar sino que vaya más allá, atendiendo igualmente a cómo podrían llegar a ser o cómo resultaría más beneficioso que fuesen. Sin más dilación, os damos la bienvenida a Caminos de Silicio.